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domingo, 18 de junio de 2017

Diario de una investigación (XIX): Semana del 12 al 16 de Junio

Cuero curtido en un protocolo notarial del Archivo Histórico Provincial de Jaén

El lunes 12 comencé la semana visitando el Archivo de la Real Chancillería de Granada. Seguía buscando información sobre “tenerías” y “corambre”. Encontré un pleito –a mi entender fundamental para mi proyecto– entre los zapateros y los curtidores de Jaén. En un expediente voluminoso se ponía de manifiesto que en las últimas décadas del siglo XVI algunos zapateros se habían saltado las ordenanzas municipales y habían “puenteado” a los curtidores, apropiándose de las fases del trabajo del cuero propias de los segundos. Los curtidores, efectivamente, acusaban a los zapateros de comprar las pieles y curtirlas por su cuenta, utilizando materiales baratos para reducir los costes. Lo más interesante es que se da una lista de estos zapateros “rebeldes” que tenían cámaras en las tenerías de Jaén y que ya no necesitaban de los servicios de los curtidores. ¿Quiénes eran? Pues los que serían los mercaderes de corambre más destacados en las décadas siguientes o sus padres, entre ellos Martín López de Alcaudete y Pedro de Villanueva, seguramente el padre de Gabriel de Villanueva.  

 Esta ruptura del orden jerárquico gremial es típico del verlag system o domestic system donde los mercaderes-hacedores o verlegers controlaban todos los pasos del proceso productivo y comercial escapando de las rígidas normativas gremiales. No terminé de analizar todo el documento, aunque quiero volver a él en los próximos días. Todo apunta a que algo estaba cambiando en el mundo del cuero en Jaén a finales del siglo XVI.

El resto de la semana, de nuevo, doblete entre el Archivo Histórico Provincial y el Diocesano. El martes 13 encontré la fundación de la capellanía de Bernabé Martínez de Alcázar, elemento interesante para dilucidar la genealogía de esta familia tan vinculada al mundo de la producción y el comercio del cuero giennense.

Por la tarde, en el diocesano consulté la documentación de la capellanía fundada por su mujer Catalina Alonso Carrasco. El documento fundacional es extraordinario. Parece que fue redactado en casa del hermano de la dicha sin el consentimiento de su marido. Enumera toda una serie de actuaciones de Martínez de Alcázar regalando bienes a sus amigos y familiares, bienes gananciales y, por tanto, también propiedad de Catalina. Pero para nuestro interés debemos traer aquí una cláusula:

“que por el año de 76 el dicho Rodrigo Alonso Carrasco mi hermano entró en mi casa  [y] dio al dicho mi marido 100 ducados en reales que tenia en poder del dicho Juan García de Agreda y el dicho mi marido lo recibió y tuvo en su poder y el dicho mi hermano solicito y anduvo siete años en el trato de la corambre ayudando al dicho mi marido y al cabo de ellos se casó el dicho mi hermano y solo se le dio en este tiempo la comida y no más”

Dicho documento vincula tanto familiar como laboralmente a dos de los más importantes mercaderes de corambres de finales del siglo XVI: Bernabé Martínez de Alcázar y su cuñado –y agente– Rodrigo Alonso Carrasco.

El resto del documento nos enseña la familia de Catalina y su genealogía. El texto termina de manera abrupta cuando Bernabé Martínez de Alcázar se presenta en la casa de su cuñado y consigue que Catalina revoque el documento. Pleitos posteriores validarían esta fundación “clandestina” de Catalina Alonso Carrasco.

El miércoles 14 por la mañana encontré el testamento del jurado Bernabé Martínez de Alcázar, pero para mi desgracia, con muy pocas referencias a su actividad mercantil. El resto de la mañana lo empleé en consultar más protocolos de Melchor Gutiérrez con nuevos documentos otorgados por Juan de Palma y el citado Bernabé Martínez. En el Diocesano terminé de consultar el expediente de la capellanía de Catalina Alonso. Pese a todo, la disfrutaron los descendientes de la familia de su esposo. Éste consiguió que otorgara un testamento donde lo nombraba a él como patrón dejando en papel mojado su testamento previo.

El jueves 15 buscando el segundo testamento de Catalina Alonso me encuentro con un documento sorprendente. Se trata de un encargo de cordobanes de un guadamecilero de Lisboa residente en la calle de los Doradores a Bernabé Martínez de Alcázar: nada menos que 106 docenas de cordobanes por un valor de algo más de 2.000 ducados. La cosa se pone interesante cuando encuentro contratos similares con los mercaderes Juan de Palma Montañés y el mismo portugués. ¡Buena parte del cuero curtido de Jaén terminó en Lisboa!. Allí sería transformado en "couro dourado" por los guadamecileros portugueses. Pero es que Lisboa a finales del siglo XVI era el equivalente a Sevilla, el gran puerto del emporio comercial portugués. Estos cueros giennenses pudieron terminar en Brasil, Goa, Macao, Amsterdam...


Paredes decoradas de guadameciles o "couro dourado" en un cuadro de Pieter de Hooch (s. XVII)


La Rua dos Douradores de Lisboa en la actualidad

 Por la tarde, en el Diocesano, terminé de ver la capellanía de Cristóbal Ruiz de Alcázar. El resto de la tarde fue infructuosa en las capellanías y expedientes matrimoniales de Alcalá la Real.

El viernes 16 revisé los índices del escribano del día anterior buscando más referencias al guadamecilero de Lisboa. Decenas de documentos de encargos lisboetas a media docena de mercaderes de corambre de Jaén llenan las páginas de este escribano. Entre los documentos un poder del guadamecilero por 2.000 docenas de cordobanes curtidos de zumaque por un valor de más de 40.000 ducados, una cantidad extraordinaria. Otros documentos hablan de compras similares en Córdoba, Sevilla o Granada a través de agentes judeoconversos –“marranos”– portugueses como Jorge Enriques. Una gran red comercial que traficaba con el cuero curtido castellano a finales del siglo XVI y principios del XVII empieza a aparecer ante nuestros ojos.


Hasta la próxima entrada!

sábado, 10 de junio de 2017

Diario de una investigación (XVIII): Semana del 5 al 9 de Junio















De vuelta con el cuero. Las tenerías de Fez en la actualidad

Entrando en el mes de junio, último mes de mi investigación en Jaén, llega el momento de focalizar nuestra investigación en aquellas líneas que puedan resultar de mayor interés. Por otra parte, pese a haber terminado la docencia, esta semana he necesitado bastante tiempo para corregir exámenes y trabajos, además de otros temas burocráticos, por lo que después de un lunes intensivo en Jaén pasé el resto de la semana en Granada.

El día 5 por la mañana en el Provincial –acompañado por Ángel Ruiz Gálvez de la Universidad de Murcia que estuvo investigando este día en Jaén– continué con el escribano Melchor Gutiérrez. Como ya he dicho en entradas anteriores, es un escribano que trabaja con mercaderes de corambre del barrio de la Magdalena. Las redes de abastecimiento de pieles o zumaque y de venta de cordobanes van creciendo con la información que contienen estos protocolos año a año. 

El día 5 por la tarde en el Archivo Diocesano continué leyendo el extenso expediente de la capellanía de Bartolomé Martínez de Alcázar. Los diferentes candidatos a la misma presentan sus genealogías ayudándonos a reconstruir parcialmente el linaje. El mercader no tuvo descendencia de Catalina Alonso Carrasco dejando sus bienes a sus hermanos y sobrinos. Si comparamos a los Alcázar con los Terrones vemos que, el ascenso social en el caso de los primeros prácticamente es nulo si lo comparamos con el éxito nobiliario de los segundos. Partiendo del mismo origen –la mesocracia del mundo del cuero– los primeros no salen prácticamente de ella y los segundos, si bien tras la feminización del linaje, llegan a la nobleza titulada. Pero faltan por analizar muchos elementos de discusión. La riqueza alcanzada, el papel jugado por los parientes religiosos de los Terrones –canónigos y un obispo– y la actuación individual de algunos miembros del linaje como don Antonio Terrones de Robles, referente oligárquico de las facciones de Andújar, además de historiador y cronista. Una primera impresión me lleva a pensar que en el caso de los Martínez de Alcázar el comienzo pudo ser aún más potente que en los Terrones, pero no tuvo continuación en las primeras décadas del siglo XVII, donde las estrategias del ascenso social –compra de oficios y de hábitos militares, fundación de mayorazgos– se podían llevar a cabo con mayor facilidad. Tampoco conocemos de la misma manera los dos linajes: de los Terrones-Albarracín sabemos casi todo; mientras que de los Alcázar solo conocemos las líneas que se oponen a una capellanía, casi siempre lineas secundarias y pauperizadas, no sabemos si existió una línea principal que acumuló los bienes y el prestigio. En cualquier caso, esta comparativa puede dar mucho juego de cara a entender este tipo de procesos. 

El día 9 visité el Archivo de la Real Chancilleria de Granada. Hace unos meses realicé una búsqueda en los catálogos online de dicho archivo. 


Encontrando unas veinte referencias a la búsqueda "tenería" y un número similar para la palabra "corambre". Este viernes consulté aquellas entradas de Jaén relativas al "corambre" aunque de periodos distintos al del estudio.

Uno de ellos de 1524 presenta el conflicto entre Diego de Córdova y Alonso de Albín por el pago de las alcabalas de la venta de cueros. Es una pena no poder contar con documentación seriada de esta renta pues podría darnos mucha información sobre la producción de cueros. 

Otro pleito en 1544, un pleito por la propiedad de unos cueros nos informa del comercio entre Martos y Jaén. Queda claro que los mercaderes-curtidores de Jaén controlaban la producción de cueros de casi todo el reino. La manera de llevar a cabo este control era por medio de contratos con los obligados de las carnicerías de las diversas poblaciones. Estos se obligaban a entregar las pieles "caídas" de los animales sacrificados y enviarlas a Jaén. De nuevo, las mismas familias: Diego Fernández de Albín, Cristóbal de Cazorla.

Estas estrategias desbordaron el Santo Reino y podemos encontrar contratos con responsables de las carnicerías de Caravaca, Mula, Hellín o Lorca (reino de Murcia) o de Huéscar (Granada). A esto se unen los poderes otorgados por los mercaderes de corambre a sus agentes para comprar pieles en otros lugares distantes como Sevilla o Fregenal. Había que abastecer la máquina productora de cueros curtidos que era Jaén. Más corambre, es la guerra! Al final de mi investigación confeccionaré mapas para representar el radio de acción de los mercaderes de cueros de Jaén que pondrán de manifiesto hasta qué punto fue extraordinaria esta industria en el Santo Reino. De momento, un anticipo, ya incompleto tras mis últimas investigaciones: las ventas de cordobanes y cuero vacuno para suelas (en rojo);  compras de cueros (en amarillo) y zumaque (en verde) de la compañía de Bernabé Martínez de Alcazar. 



Hasta la próxima entrada!

domingo, 19 de marzo de 2017

Diario de una investigación (VIII): Semana del 13 al 17 de Marzo





Vida, martirio...obra de don Antonio Terrones de Robles

El día 13 consulté el testamento de Antón Terrones, uno de los mercaderes de corambre de la Jaén de finales del siglo XVI. Conseguí la referencia del artículo de Rafael Galiano Puy sobre el doctor Francisco Terrones del Caño, obispo de Tuy y León, sobrino carnal del mercader. 


Gracias a este artículo he podido reconstruir buena parte de la familia Terrones y sorprenderme de que el mercader fue padre el historiador don Antonio Terrones de Robles, XXIV de Andújar y autor de la historia ciudadana más famosa de la citada ciudad. El historiador Terrones, que tiene su calle en Andújar, fue padre, junto con su sobrina de primos hermanos doña María Terrones de Villarreal –sobrina carnal del obispo– de doña Agustina de Terrones mujer de don Miguel Blas de Albarracín Isla, caballero de Calatrava. De esta pareja descienden los linajes Albarracín, Piédrola y Valenzuela de Andújar, y familias asociadas entre las que se encuentran los condes del Guadiana, marqueses del Cerro de la Cabeza y muchos títulos nobiliarios más.


El supuesto origen noble de la familia me crea algunas dudas. En el blog http://veracruzandujar.blogspot.com.es se aportan interesantes referencias al origen de los Terrones en Villafranca de Córdoba, a través de visitas del obispo y sus hermanos a la dicha localidad, de donde decían eran sus mayores. En mi opinión, el inventado origen en los Robles de León atiende al proceso de ennoblecimiento llevado a cabo por don Antonio Terrones de Robles, o por los hagiógrafos de su primo el obispo y sus intentos de ocultar su origen eminentemente pechero –si no judeonconverso– de sus ancestros. Curtidores, mercaderes de corambre, o de esclavos –Anton de Terrones parece que lo fue al final de su vida– no eran, sino todo lo contrario, las profesiones aceptables por la nobleza del XVII en la que los Terrones se integraron gracias a la influencia del obispo y el dinero del mercader. Este proceso económico y social ejemplifica como pocos, como en pocas generaciones cualquier linaje del pueblo llano podría alcanzar la nobleza si se daban una serie de condiciones como las que se dieron en este caso. ¿Este ascenso social espectacular fue común a todos los mercaderes de corambre?

Aproveché la excusa del estudio de los Terrones para tratar de buscar documentos sobre la jabonería de la que hablé en la entrada anterior.  Así, consulté dos escribanos de Andújar: Diego de Pareja y Juan de Molina. En el primero encontré al obispo Francisco de Terrones, entonces párroco de Pozuelo de Aravaca –hoy Pozuelo de Alarcón–apoderando a su padre para diversas actuaciones. En una de ellas se llega a nombrar a los padres de Antón, el mercader, llamados Francisco de Terrones y Catalina Ramírez Blanco –seguimos sin encontrar el Robles por ningún lado– abuelos paternos del obispo; en el segundo escribano encontré numerosos exámenes para ejercer variados oficios de artesanos: tintoreros, cereros, sastres, etc. En ninguno de los dos encontré al misterioso Cristóbal González de la Lobera ni noticias de la almona que regentaba en Andújar.

El día 14 localicé en un protocolo del escribano Melchor Gutiérrez –gracias a las fichas alfabéticas–  el testamento de Luis Albín, otro curtidor y mercader de corambre notable. Si de los Terrones tengo mis sospechas sobre su origen judío, en los Albín no hay duda alguna, pues este linaje fue procesado repetidamente por el santo oficio de la Inquisición por sus prácticas judaizantes como vemos en el artículo de Coronas Tejada


Más documentos en el mismo legajo sobre Luis de Albín  y su yerno el jurado Alonso de Córdova. Uno de ellos me resultó especialmente esclarecedor para el negocio del trato de la corambre. Ambos se asociaron en compañía para comprar 1240 pieles de cabrío –por valor de algo más de 1.000 ducados– que luego curtieron en una tenería de Jaén y vendieron a continuación a zapateros de la región. Este escribano va a ser fundamental para el estudio de una de las columnas del Santo Reino, el cuero.

El resto de la mañana la pasé encontrando mercaderes genoveses en la escribanía de Pedro Ruiz de Piédrola. La cantidad de hojas de espadas genovesas que los Escalla vendieron a espaderos del reino de Jaén bien merece un estudio pormenorizado. No le va la zaga las ventas de pastel lombardo de los Mayolo, que también pone de manifiesto la demanda de este tinte para la fabricación de los paños de la ciudad. Gracias a los genoveses, Jaén estaba perfectamente integrado den las grandes redes de comercio internacional.

El día 15 descubrí una posible nueva red comercial que llevaba a Jaén cueros de al otro lado del Atlántico, los llamados "cueros de Indias". Aquí el elemento clave fue el conquistador giennense Rodrigo de Contreras Biedma, alcalde de León en Nicaragua. De allí trajo 1100 "cueros vacunos al pelo" que vendió a curtidores y mercaderes locales –los Albín, Palma, Delgado, Martínez de Alcázar– por la friolera de 3.000 ducados. Está por demostrar si fue algo circunstancial o si el conquistador y su viuda, doña Inés de Berrio o su administrador Lope de Zamudio continuaron este lucrativo comercio tras la muerte del Contreras en 1576. Tenemos indicios que nos guían hacia esa dirección: en 1583 doña Inés mantenía contactos con mercaderes de León y villa y Puerto de Trinidad y Caxulta (Acajutla) (hoy en Nicaragua y El Salvador, respectivamente).






































Señalados con flechas villa  de Trinidad y León en la Audiencia de Guatemala. Amsterdam, 1671.

Cueros "locales", cueros de Indias, cueros de Irlanda, lomos de Fregenal, ya solo quedan los cueros de Berbería que se importaban por Cádiz y Málaga para completar el dibujo de la llegada de cueros a Jaén.

El día 16 empecé consultando el catastro de ensenada de Jaén. El día anterior había encontrado el testamento de un mercader de corambre, Miguel López de Alcaudete, que afirmaba “yo tengo a renta de los señores deán y cabildo de la iglesia de Jaén una tenería que está en la collación de la Magdalena linde con casa de Aguilar y casas de Cachiprieto por todos los días de mi vida".

Esta tenería en poder del cabildo de la catedral debía haber dejado un rastro documental en el cabildo de la catedral de Jaén. Hablé con Juan del Arco, director del AHPJ sobre el tema y me aconsejó estudiar los documentos del catastro de Ensenada.  Este censo de 1750-52 inventariaba todos los bienes de la época y cada archivo histórico provincial guarda una copia de la documentación de su provincia. Desgraciadamente entre los bienes del cabildo en la parroquia de la Magdalena no se encontraban las tenerías. 

Más tarde opté por investigar los años más tardíos del escribano Pedro Ruiz de Piédrola. En 1588 este escribano, años antes plagado de escrituras comerciales, deja de estarlo. ¿Hay crisis en Jaén? ¿La guerra con Inglaterra pasa factura a la ciudad y a Castilla? ¿Pueden estas ausencias de obligaciones e intercambios comerciales ser un indicador de una crisis económica? ¿Podemos enlazar la historia local con la historia política de España de manera directa? Muchas preguntas de difícil respuesta. Una única opción, seguir investigando los protocolos de Jaén.

Volví a los primeros años del periodo y de nuevo aparecieron los genoveses en este escribano. Más hojas de espadas de Génova, y van ya muchas, más pastel, papel etc. Unos de cientos de folios consultados más a los que añadir a mi investigación.

Por último decidí que había llegado el momento de analizar la prometedora compañía de los alumbres de Rodalquilar que ya cité en otra entrada.De paso ampliaba mi visión sobre el escribano Diego Gutiérrez Milán, que solo tiene protocolos anteriores a 1581. Viejos conocidos como Juan Núñez de Ayala o Antón Palma y Bernabé Martínez de Alcázar aparecían ante mis ojos. Estos últimos comprando 853 arrobas de zumaque –casi 10 toneladas– a un tal Bernabé de Aranda.

Efectivamente estaba el documento sobre los alumbres. Pone de manifiesto la importancia de otra figura mercantil giennense: Lorenzo de Tejerina. Este mercader además del citado producto tenía excelentes contactos en Córdoba. Se había hecho con el monopolio en Jaén de la venta de naipes cordobeses –una de las ciudades con la mayor producción de este producto de Castilla. Los naipes eran un lucrativo negocio pues la sociedad del siglo XVI estaba obsesionada con el juego. Grandes fortunas cambiaban de manos en el transcurso de las partidas de cartas.


Una baraja española del siglo XVI

Después del archivo comí en la cafetería del palacio de Villardompardo. Aproveché para visitar los Baños Árabes en la parte baja del palacio. Impresionantes. 



Me pregunto si los baños  del palacio en la Edad Moderna tuvieron otros usos. Sería un lugar ideal para la fabricación de jabón. Un lugar de suelos de mármol, ventilado con bóvedas que me recuerda mucho a la almona de Aleppo que puse en otra entrada. En otras estancias hay restos de piscinas pequeñas  y vasijas que recuerdan a las tenerías de Fez. ¿Qué uso se dio a este espacio cuando sus dueños eran los condes de Villardompardo? Dudo mucho que estuviera desocupado.

Por la tarde visité de nuevo el Archivo Diocesano de Jaén siguiendo otro consejo de Juan del Arco. Consulté unos libros que registraban las casas y bienes de la catedral y su cabildo. Desgraciadamente no encontré las tenerías citadas.  (No obstante, el viernes por la tarde, en las respuestas generales de ensenada –disponibles en la base PARES se hablan de “seis tenerías con su piedra para moler zumaque, la una de doña Inés de Quiroga que gana en arrendamiento 800 reales. Otra del vínculo que fundó Fernán Arias de Saavedra que produce en arrendamiento 600 reales. Otra de don Pedro de Teruel de la Maestra vecino de Villacarrillo que gana 500 reales. Otra de don Jerónimo Caballero 400. Otra del conde de Villardompardo 150 reales…y hay otra tenería propia de la capellanía que fundó don Luis Torres de Portugal”. Con estos nombres podré localizar la situación de las mismas estudiando los bienes recogidos en el catastro de ensenada. Espero hacerlo la semana que viene.)

El día 17 consulté dos nuevos escribanos. Gaspar de Torres y Juan de Morales. El primero apunta buenas maneras. Documentos de Antón Terrones comprando zumaque; Pedro de Cazorla arrendando un terrado para tender corambre; varios mercaderes como el jurado Pedro Vázquez, Antonio del Castillo, Bernabé de la Trinidad, Francisco Gutiérrez Guardia o Lázaro de Arquellada vendiendo sedas y paños. El segundo, Juan de Morales, es el escribano preferido de los Torres de Porgugal, condes de vilardompardo y otros miembros de la élite de Jaén, aunque también hay escrituras de curtidores y tintoreros. La documentación comienza a ser abrumadora!Veremos hasta dónde llegará mi investigación.

Aprovecho estas líneas para anunciar el seminario de la semana que viene en la Universidad de Jaén (Campus Las Lagunillas s/n). En él los profesores Delgado Barrado, López Arandía y yo mismo presentaremos nuestros proyectos de investigación del Instituto de Estudios Giennenses. Aquí os dejo el programa del seminario. Hasta la próxima entrada!






domingo, 5 de febrero de 2017

Diario de una investigación (II) Semana del 30 de Enero-3 Febrero





Alcalá la Real y su abadía-fortaleza.


Esta semana proseguimos con nuestra investigación en el Archivo Histórico Provincial de Jaén. No he podido asistir al archivo en la última semana tanto como me hubiera gustado, ya que he sido contratado como Profesor Sustituto Interino por la Universidad de Jaén y los tediosos procesos burocráticos, sobre todo al principio, siempre roban mucho tiempo. Voy a impartir este cuatrimestre la asignatura Historia Moderna en el Grado de Arqueología. Tengo que compaginar, por tanto, las clases con las visitas al archivo, y mi jornada va a estar algo cargada por las mañanas, especialmente de lunes a miércoles con archivo de 8.15 a 11.45 y las clases de 12.30 a 1.30 o incluso a 2.30 los lunes, teniendo que trasladarme en coche –o mejor en bus- desde el Archivo en el casco histórico de Jaén hasta el campus universitario de Las Lagunillas. Solamente los jueves y los viernes podré dedicar toda la mañana a la investigación y las tardes a la consulta bibliográfica.

El día 2 de febrero proseguí las catas en los escribanos de la ciudad de Jaén. Esta vez los elegidos fueron Diego Gutiérrez Milán, Alonso García de Alcalá y Gonzalo de Herrera. El primero, Diego Gutiérrez Milán solo cuenta con dos protocolos en los años iniciales de nuestro periodo de estudio, pero de un contenido interesante para nuestos fines. Ventas de paños, sedas, y un interesante documento sobre una cantarería en el arrabal de San Ildefonso a medias entre el jurado Juan Ramiro y el cantarero Cristóbal de Morales en la calle de San Jerónimo, acaso la actual Portillo de San Jerónimo. Tal vez trabaje intensamente este escribano a lo largo de mi proyecto. El segundo de los notarios, el escribano Alonso Garcia de Alcalá, atendiendo al protocolo consultado, destaca por la cantidad de testamentos que podemos encontrar entre sus folios. No descarto volver a sus protocolos más adelante. 

Una vez consultados los anteriores inicié la consulta del oficio de Gonzalo de Herrera. Ya había consultado los índices anteriormente. En las fechas iniciales del periodo no cuenta con tantas referencias al mundo mercantil, como esperaba, pero si encontré una buena cantidad de compraventas de cueros, parte inicial del proceso de otro de los grandes sectores económicos de la ciudad de Jaén a finales del siglo XVI, la fabricación de cordobanes y guadamecíes. De estos objetos de cuero labrado o pintado hablaré en el futuro en otras entradas de este blog.




Cordobán



Guadamecí. Museo de Málaga.

Finalmente, casi al final de la jornada, volví a los protocolos de Alcalá la Real. Quería cerrar la cata del escribano Francisco Jiménez con un protocolo de los años finales del periodo. De nuevo bastantes referencias a Pedro Hernández de Jaén y a mercaderes genoveses de la ciudad de Granada comprando lana como Juan Bautista Zarreta, los hermanos Chavarino y el regidor local y ligur Pedro Veneroso. Definitivamente voy a consultar intensamente este escribano.

Por la tarde estuve trabajando en la biblioteca del Instituto de Estudios Giennenses. Es fundamental realizar una búsqueda historiográfica paralela a nuestra investigación en el archivo, para completar nuestros hallazgos y dibujar cómo podemos incorporarlos a la historiografía.Sabía de una publicación en los Cuadernos del AMAR sobre el vino de Alcalá del profesor José Rodríguez Molina, que me dio clase de Historia Medieval de Andalucía en la Universidad de Granada.  Anoté en mi archivo sobre el vino alcalaíno varias informaciones de interés, especialmente en torno al conflico que existió entre los productores de vino de la ciudad de Granada y los de la ciudad de Alcalá la Real por el famoso privilegio del vino de esta última. Los RRCC dieron a Alcalá la exclusividad de la venta de su vino en Granada en los meses de mayo junio y julio y miles de arrobas de caldos torronteses y baladíes inundaron la alhóndiga y las tabernas granadinas durantes siglos.

Otro artículo de dicho autor sobre el mismo tema:

La cultura del vino





Viñas en Alcalá la Real


Después consulté algunos trabajos sobre Castillo de Locubín –Rafael Álvarez de Morales– y Torredonjimeno –Alfredo Ureña–, que me ayudaron a ampliar  mi conocimiento historiográfico sobre el territorio del Santo Reino en la Edad Moderna.

El 3 de febrero decidí continuar con los protocolos de Francisco Jiménez de Alcalá la Real. Por primera vez en mi proyecto me salí fuera de los límites temporales definidos, es decir 1580-1600. Pudo en mí la curiosidad de encontrar referencias más tardías al mercader Pedro Hernández de Jaén, especialmente su testamento o la partición de sus bienes.  No lo encontré, seguiré buscando, pero si di con un interesante protocolo lleno de referencias a ventas de lanas a mercaderes genoveses de Granada y flamencos de Sevilla.

En los protocolos de Alcalá la Real estoy encontrando abundantes referencias a la cria y venta de ganado porcino. Francisco Enríquez de Jorquera decía a mediados del XVII que era una población "con buena cecina". Algo que se refuerza por las numerosas ventas de "tocino salado" que estoy encontrando, al parecer, un producto en el que Alcalá la Real y su villa de Castillo de Locubín llegaron a tener fama, al menos regional. En los protocolos granadinos ya encontré a mercaderes sevillanos encargando a su correspondiente granadino en 1597 la compra de cincuenta "jamones de tocino" de Alcalá o Castillo de Locubín. 




Detalle de un jamón con mucho tocino en un bodegón de Luis Egidio Meléndez. s. XVIII. Museo del Prado.

Además, este protocolo contaba con una documentación no siempre usual: las actas judiciales. Ricos pleitos locales, en su mayoría sobre dotes y herencias particulares. Entre ellos los de doña Cliara Falcón mujer de don Fernando de Torreblanca Arroyo, e hija del doctor Jácome Falcón y de doña Luisa de Santiesteban, su mujer. Ya hablamos de este mercader italiano residente en Martos cuando lo encontrábamos comprando lana y vino a vecinos de Alcalá en la primera entrega de Diario de una investigación. Junto a esta documentación, varios inventarios de bienes con viñas en Alcalá.

Hasta la próxima entrada!



jueves, 15 de diciembre de 2016

Iniciando el Blog


  Hola! Me llamo Rafael Girón, bienvenidos a mi blog. Este blog está asociado a la Ayuda a  Proyectos de Investigación 2016 del Instituto de Estudios Giennenses (Jaén, España) con el proyecto “Las columnas del Santo Reino. Las actividades económicas del reino de Jaén a finales del siglo XVI (1580-1600)” concedida el 14-XII-2016 y financiada por la Diputación de Jaén. 


  En este blog se irán plasmando los resultados de mi proyecto de investigación. Las Columnas del Santo Reino tiene por objeto estudiar las actividades económicas que sustentaron la población del reino de Jaén en las dos últimas décadas del siglo XVI a partir de documentación inédita custodiada en archivos locales, nacionales e internacionales. Estas actividades económicas, especialmente la producción textil, debieron ser la causa principal del desarrollo urbanístico de ciudades monumentales como Úbeda o Baeza y seguramente Jaén.

  En estos archivos se buscarán todo tipo de referencias económicas a la producción agrícola y ganadera, el artesanado y el comercio, que permitan ampliar el conocimiento en torno a la economía del Santo Reino; elementos, en algunos casos, poco estudiados por la historiografía hasta la fecha, pero presentes y muy celebrados en la obra de cronistas como Ximénez Patón o Martínez de Mazas. 

 Así, se analizará y estudiará toda la documentación inédita disponible en torno a la producción y comercio de: aceite de oliva –Arjona, Andújar–; vino –Alcalá la Real, Castillo de Locubín, Martos, Úbeda y Baeza–; cereales, lana –a partir de las ventas en los lavaderos de lanas de Huéscar–, cuero, carne, pescado, entre otros; textiles –paños de Baeza, Jaén, Linares, Alcaudete–; derivados del cuero –cordobanes y guadamecíes de Jaén– manufacturas metálicas –espadas y otras armas, rejas, platería–; comercio de tintes y mordientes –pastel, cochinilla, agallas, grana, rubia, alumbre, zumaque, rasuras–, en fin, todo aquello susceptible de ser estudiado dentro de la producción y comercio de materias primas y manufacturadas.

 Paralelamente se analizarán los agentes de estos procesos económicos: el artesanado – plateros, rejeros, pelaires, tejedores de paños, tintoreros, etc.– y los mercaderes así como las relaciones existentes entre ambos colectivos. En medida de lo posible trataremos de reconstruir trayectorias de figuras sobresalientes en estos grupos y sus familias utilizando como herramientas la prosopografía y la genealogía. Sin olvidar que estas actividades estaban promocionadas por las élites nobiliarias, en muchos casos, dueños de los talleres, tenerías, tiendas y telares al mismo tiempo grandes ganaderos de lanar, caprino y vacuno, por tanto, proveedores de las materias primas para los procesos productivos preindustriales que se llevaron a cabo en el reino de Jaén a finales del siglo XVI. Es decir, mientras estudiamos las actividades económicas, alcanzaremos un buen nivel de conocimiento en el estudio de la sociedad del Santo Reino.


  En el momento que conozcamos mejor los mercaderes locales y los productos con los que traficaban y las operaciones mercantiles entre los primeros con mercaderes de otros lugares cercanos –Sevilla, Granada, Murcia, Cartagena y Alicante– se podrán dibujar las redes comerciales –o mejor una gran red– que insertó el reino de Jaén en la economía global de finales del siglo XVI, y que a partir de nuestras investigaciones previas enlazarán el Santo Reino con países europeos –Italia a través de los puertos Livorno y Génova– y el principal mercado de los productos giennenses: las Indias españolas. El papel jugado por mercaderes extranjeros, sobre todo genoveses, se nos antoja fundamental, a partir de la documentación ya consultada en Baeza y Jaén, donde los factores de las grandes compañías genovesas de Granada campaban a sus anchas, suministrando tintes y material industrial especializado (cardas, telares, pesas y husos de telar).






En cada una de las entradas de este blog iremos tratando diferentes aspectos de la economía del reino de Jaén a finales del siglo XVI. Confío en que les resulte de interés.