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sábado, 11 de febrero de 2017

Diario de una investigación (III): Semana del 6-10 Febrero




Tras la semana pasada llena de ajustes por el comienzo de las clases, esta semana ha sido mucho más fácil y productiva.

El día 6 de febrero tocaba hacer catas en dos nuevos escribanos:  Rodrigo de Baeza y Juan Alonso de Córdoba. Comencé con Rodrigo de Baeza y seguí todo el día y los dos siguientes con él. Mucha información en torno al mundo del cuero. Zumacares, ventas de cueros, y algo sorprendente, bastante producción de tejidos de seda, algo que no esperaba encontrarme en la ciudad de Jaén en el siglo XVI. Por sus páginas aparecen numerosos tejedores de terciopelo o tafetán y un mercader-productor llamado Nicolás de Rivera, luego jurado, miembro de una saga de escribanos y mercaderes giennenses de origen judeoconverso. Otro interesantante mercader Pedro de Almodóvar -homónimo del director de cine manchego– traficaba con paños, sedas, o incluso suministra telares a los tejedores. Son estas figuras las que pueden dar más juego en mi investigación. 

No obstante, la información que estoy obteniendo es aún muy local; me explico, aún veo la economía giennense a partir de la documentación que voy encontrando, bastante desconectada de las grandes rutas comerciales internacionales, aunque por referencias de Granada o Sevilla, sé que no fue así. Necesito encontrar los nexos de unión entre la producción local de paños y cueros con grandes mercaderes internacionales en Sevilla, Cádiz, Cartagena o Alicante. Hecho de menos contratos de transporte entre los mercaderes y los carreteros y arrieros, auténtico indicador del comercio interior, que conecte a Jaén con los nodos comerciales citados, todos ellos puertos de mar.

El día 8 casi al final de la mañana volví a consultar los protocolos de Gonzalo de Herrera. Demasiada élite nobiliaria y eclesiástica, muy pocos mercaderes. Estoy empezando a pensar que este escribano no me va a dar el juego que yo le suponía. ¿Tendré que seguir con su hermano Jerónimo?

El día 9 de febrero opté por continuar las catas y ver el escribano que pensaba ver el lunes, Juan Alonso de Córdoba. Nuevos mercaderes vendiendo sedas, Pedro Vázquez, Melchor Gutiérrez. Nada fuera de lo común.

Así que quise volver al final de la jornada a los legajos de Jerónimo de Herrera que tan buen resultado me dieron los primeros días. A finales del periodo continúa teniendo bastantes referencias a mercaderes. Diego Núñez de Alarcón, Juan de Quesada, Juan Morillo, Alonso Gutiérrez de Olivares. Y casi cuando iba a marcharme una referencia a Bernabé Martínez de Alcázar me hizo consultar las fichas onomásticas del archivo. Lo había encontrado antes vendiendo cueros en una escritura y ahora lo encontraba apoderando a un vecino de Alhama de Murcia para comprar cueros. Una acción que supera al simple mercader local. 

El Archivo Histórico Provincial de Jaén cuenta con unas fichas de apoyo al investigador. Hay un listado de personas que hacen referencia a escrituras donde las mismas aparecen. Hasta ahora mis búsquedas habían sido infructuosas en ellas. Sin embargo con Bernabé Martínez de Alcázar había un buen número de ellas. La práctica totalidad hacían referencia a la participación de este mercader en el comercio del cuero. En el escribano Alonso Pérez de Rivera encontramos poderes dados a agentes en Murcia, Castril, Lorca para comprar cueros. Además dos miembros de su familia Antón y Cristóbal aparecen involucrados en lo anterior. Hay ventas de cordobanes en Sevilla. ¿Serán los Martínez de Alcázar el enlace de Jaén hacia los mercados internacionales? Tiene buena pinta, me seduce la idea de un mercader que obtiene cueros en los reinos cercanos y luego vende el producto manufacturado en un gran nodo comercial como el puerto sevillano. Estos son los grandes mercaderes-productores –verlegers– que dominan todas las etapas desde la producción hasta el comercio final del producto manufacturado. Les seguiremos la pista.

Hasta la próxima entrada!










domingo, 5 de febrero de 2017

Diario de una investigación (II) Semana del 30 de Enero-3 Febrero





Alcalá la Real y su abadía-fortaleza.


Esta semana proseguimos con nuestra investigación en el Archivo Histórico Provincial de Jaén. No he podido asistir al archivo en la última semana tanto como me hubiera gustado, ya que he sido contratado como Profesor Sustituto Interino por la Universidad de Jaén y los tediosos procesos burocráticos, sobre todo al principio, siempre roban mucho tiempo. Voy a impartir este cuatrimestre la asignatura Historia Moderna en el Grado de Arqueología. Tengo que compaginar, por tanto, las clases con las visitas al archivo, y mi jornada va a estar algo cargada por las mañanas, especialmente de lunes a miércoles con archivo de 8.15 a 11.45 y las clases de 12.30 a 1.30 o incluso a 2.30 los lunes, teniendo que trasladarme en coche –o mejor en bus- desde el Archivo en el casco histórico de Jaén hasta el campus universitario de Las Lagunillas. Solamente los jueves y los viernes podré dedicar toda la mañana a la investigación y las tardes a la consulta bibliográfica.

El día 2 de febrero proseguí las catas en los escribanos de la ciudad de Jaén. Esta vez los elegidos fueron Diego Gutiérrez Milán, Alonso García de Alcalá y Gonzalo de Herrera. El primero, Diego Gutiérrez Milán solo cuenta con dos protocolos en los años iniciales de nuestro periodo de estudio, pero de un contenido interesante para nuestos fines. Ventas de paños, sedas, y un interesante documento sobre una cantarería en el arrabal de San Ildefonso a medias entre el jurado Juan Ramiro y el cantarero Cristóbal de Morales en la calle de San Jerónimo, acaso la actual Portillo de San Jerónimo. Tal vez trabaje intensamente este escribano a lo largo de mi proyecto. El segundo de los notarios, el escribano Alonso Garcia de Alcalá, atendiendo al protocolo consultado, destaca por la cantidad de testamentos que podemos encontrar entre sus folios. No descarto volver a sus protocolos más adelante. 

Una vez consultados los anteriores inicié la consulta del oficio de Gonzalo de Herrera. Ya había consultado los índices anteriormente. En las fechas iniciales del periodo no cuenta con tantas referencias al mundo mercantil, como esperaba, pero si encontré una buena cantidad de compraventas de cueros, parte inicial del proceso de otro de los grandes sectores económicos de la ciudad de Jaén a finales del siglo XVI, la fabricación de cordobanes y guadamecíes. De estos objetos de cuero labrado o pintado hablaré en el futuro en otras entradas de este blog.




Cordobán



Guadamecí. Museo de Málaga.

Finalmente, casi al final de la jornada, volví a los protocolos de Alcalá la Real. Quería cerrar la cata del escribano Francisco Jiménez con un protocolo de los años finales del periodo. De nuevo bastantes referencias a Pedro Hernández de Jaén y a mercaderes genoveses de la ciudad de Granada comprando lana como Juan Bautista Zarreta, los hermanos Chavarino y el regidor local y ligur Pedro Veneroso. Definitivamente voy a consultar intensamente este escribano.

Por la tarde estuve trabajando en la biblioteca del Instituto de Estudios Giennenses. Es fundamental realizar una búsqueda historiográfica paralela a nuestra investigación en el archivo, para completar nuestros hallazgos y dibujar cómo podemos incorporarlos a la historiografía.Sabía de una publicación en los Cuadernos del AMAR sobre el vino de Alcalá del profesor José Rodríguez Molina, que me dio clase de Historia Medieval de Andalucía en la Universidad de Granada.  Anoté en mi archivo sobre el vino alcalaíno varias informaciones de interés, especialmente en torno al conflico que existió entre los productores de vino de la ciudad de Granada y los de la ciudad de Alcalá la Real por el famoso privilegio del vino de esta última. Los RRCC dieron a Alcalá la exclusividad de la venta de su vino en Granada en los meses de mayo junio y julio y miles de arrobas de caldos torronteses y baladíes inundaron la alhóndiga y las tabernas granadinas durantes siglos.

Otro artículo de dicho autor sobre el mismo tema:

La cultura del vino





Viñas en Alcalá la Real


Después consulté algunos trabajos sobre Castillo de Locubín –Rafael Álvarez de Morales– y Torredonjimeno –Alfredo Ureña–, que me ayudaron a ampliar  mi conocimiento historiográfico sobre el territorio del Santo Reino en la Edad Moderna.

El 3 de febrero decidí continuar con los protocolos de Francisco Jiménez de Alcalá la Real. Por primera vez en mi proyecto me salí fuera de los límites temporales definidos, es decir 1580-1600. Pudo en mí la curiosidad de encontrar referencias más tardías al mercader Pedro Hernández de Jaén, especialmente su testamento o la partición de sus bienes.  No lo encontré, seguiré buscando, pero si di con un interesante protocolo lleno de referencias a ventas de lanas a mercaderes genoveses de Granada y flamencos de Sevilla.

En los protocolos de Alcalá la Real estoy encontrando abundantes referencias a la cria y venta de ganado porcino. Francisco Enríquez de Jorquera decía a mediados del XVII que era una población "con buena cecina". Algo que se refuerza por las numerosas ventas de "tocino salado" que estoy encontrando, al parecer, un producto en el que Alcalá la Real y su villa de Castillo de Locubín llegaron a tener fama, al menos regional. En los protocolos granadinos ya encontré a mercaderes sevillanos encargando a su correspondiente granadino en 1597 la compra de cincuenta "jamones de tocino" de Alcalá o Castillo de Locubín. 




Detalle de un jamón con mucho tocino en un bodegón de Luis Egidio Meléndez. s. XVIII. Museo del Prado.

Además, este protocolo contaba con una documentación no siempre usual: las actas judiciales. Ricos pleitos locales, en su mayoría sobre dotes y herencias particulares. Entre ellos los de doña Cliara Falcón mujer de don Fernando de Torreblanca Arroyo, e hija del doctor Jácome Falcón y de doña Luisa de Santiesteban, su mujer. Ya hablamos de este mercader italiano residente en Martos cuando lo encontrábamos comprando lana y vino a vecinos de Alcalá en la primera entrega de Diario de una investigación. Junto a esta documentación, varios inventarios de bienes con viñas en Alcalá.

Hasta la próxima entrada!



sábado, 28 de enero de 2017

Los paños de Baeza a finales del siglo XVI





“De las lanas de ovejas, y carneros es también notable el interés y provecho que este reino tiene casi en todos sus lugares y poblaciones. Más en particular está la grosedad de este trato en la ciudad de Baeza de donde no solo se proveen muchas partes de estos reinos de España pero las Indias de el Perú, y Nueva España porque en esta ciudad se labran de toda labor desde la carda hasta la tijera del sastre casi infinitos paños finos, y bastos de todas colores, y suertes. Trato es que a Baeza la tiene con muy grandes caudales.”

Bartolomé Ximénez Patón, 1628 

La anterior cita plantea algo obvio en el reino de Jaén de la Edad Moderna, pero parece que ignorado por la mayoría de los historiadores actuales, la excepcional importancia que los paños de Baeza tuvieron en la economía de la ciudad y el reino durante este periodo. ¿Cómo si no se explica la monumentalidad de la población? ¿De dónde salieron los "caudales" para los palacios, iglesias y plazas de la ciudad? Pues de la fabricación y comercio de los paños. Al desconocimiento general sobre este tema también ha contribuido la casi total falta de protocolos notariales de Baeza –únicamente tres legajos se conservan para el siglo XVI en la Biblioteca Municipal de esta ciudad– lo que obliga a los investigadores a estudiar esta actividad económica con fuentes, en muchos casos, indirectas.

Pero los paños de Baeza merecen este esfuerzo. Me atrevo a decir que su peso en la economía y la sociedad del Santo Reino fue capital. Especialmente un tipo de paño conocido como "venticuatreno" por tener 24 cientos de hilos (2400), textil fundamental para la vestimenta española de los siglos XVI y XVII, o lo que es lo mismo, la global, porque en esta época todo el mundo vestía "a la española", imitando el estilo marcado por las modas de la corte castellana.


                                   
La "moda a la española" dominó el mercado mundial a finales del sigl XVI y principios del XVII. Detalle de una ejecutoria de Hidalguía. 

Capas, jubones, basquiñas, y otras prendas se confeccionaban con este tipo de paño pesado y denso adaptado al frío que asolaba aquellos años de la Europa de la "pequeña edad del hielo".

Los paños venticuatrenos de Baeza –de calidad media-alta– se realizaban con lana fina de las cabañas ovinas de la región en los talleres que salpicaban la ciudad de Baeza y su hinterland (Úbeda, Ibros, Mengíbar, Bailén, Linares) en un tipo de relación productiva y comercial conocida como domestic-system, donde el mercader-empresario jugaba un papel fundamental controlando todas las etapas de la producción y el comercio. Junto a la lana, eran necesarios ciertos tintes –pastel, cochinilla, indigo, grana– y mordientes –alumbre, rubia– así como aceite de oliva para engrasar los hilos de la trama en los telares o jabón para eliminar el aceite –o desengrasar– de los paños. Además de lo anterior, también fueron objeto comercial, la propia tecnología de los telares, bastante más complejos de lo que parece a primera vista, o incluso las cardas para separar la lana de sus adherentes. Las primeras pesquisas al respecto nos muestran a activos mercaderes genoveses de Granada participando en todo este comercio de materias primas y tecnología.



Miles de telares como el de la imagen debieron llenar Baeza y otras poblaciones del reino de Jaén


Todas estas necesidades de la fabricación de paños– el motor económico de la época– dieron lugar a un activo comercio a escala global que solo estamos empezando a dilucidar en la actualidad.

En Baeza, además "de toda la labor desde la carda hasta la tijera del sastre" de los paños propios, parece que se realizaban los últimos procesos de fabricación y acabado de los paños de su hinterland, algo similar a lo que describe Fortea para la ciudad de Córdoba. Sorprende la gran variedad de tipologías y colores de los paños, como se puede ver en la siguiente tabla.

Tabla 1. Los paños de Baeza a finales del XVI. Tipologías y precios.


Paño de Baeza
Precios límite (reales/vara)
24º capa de rey
24-25
24º morisco
25
24º mezcla
17-23
24º velarte azul
22
24º negro
22
24º plomado
20
24º verde
19.5
24º pardo
18-21.5
24º azul
18-20
24º vellorí
17-20
24º tornasolado
18
24º noguerado
17
24º palmilla
22
22º palmilla azul
15
22º verde
14
18º noguerado
15
Medio blanco
12

La joya de los telares de Baeza era ese paño "capa de rey" –¿acaso llamado así por ser el que vestía el rey Felipe II?– que alcanzaba los 25 reales por vara. Cada vara de estos paños implicaba decenas de horas de trabajo de los tejedores baezanos y de la región.



Felipe II y su indumentaria negra

Los paños de Baeza no fueron los únicos que se fabricaban en la España de la Edad Moderna. En la ciudad de Segovia se encontraban los mejores paños de la Península con la mejor lana merina, alcanzando precios muy altos, entre 27 y 33 reales por vara; a continuación venía Baeza con 17-25, seguida por Cuenca, que suminstraba unos paños muy parecidos en calidad y precio; algo más baratos y de menor calidad estaban los venticuatrenos de Córdoba, realizados con la lana de los ganados del valle de los Pedroches.

Tabla 2. Algunos paños venticuatrenos producidos en Castilla a finales del siglo XVI
             
Paño de lana
Precios límite (rls/v)
Tamaño piezas (varas (0.84 m))
24º de Segovia
27-33
21-32
24º de Baeza
17-25
22-30
24º de Cuenca
13-25
22-27
24º de Córdoba
12-13
20-30

Efectivamente el mercado de los paños de Baeza era muy amplio. En un artículo de Andrés Ucendo se habla de que el mercado de los venticuatrenos abarcaba por el norte hasta Toledo y La Mancha.  Fortea también señala su venta en la ciudad de Córdoba. Por nuestra parte tenemos localizadas numerosas ventas de paños de Baeza también en el reino de Jaén Granada, Cádiz o Sevilla. El carácter de esta última como puerta de las Indias, queda confirmada cuando advertimos que los paños de Baeza dieron el salto al Nuevo Mundo al estudiar los registros de navío de las Flotas de Indias, monopolio comercial de Sevilla durante los siglos XVI y XVII.

Detalle de un registro de navío con un paño venticuatreno de Baeza


Si bien Lima era, a finales del siglo XVI, el principal mercado de los paños baezanos, los textiles llegaron hasta México, Cartagena de Indias, Santa Marta, Nombre de Dios o Panamá y luego hasta las poblaciones del interior del continente americano. Hasta todos estos puertos llegaban a bordo de las Flotas de Indias, en grandes cargazones fletadas por los mercaderes "peruleros", mercaderes avecindados en Perú que viajaban de regreso a la Península, cargados de plata de Potosí, para volver a Lima tras cambiar la plata por numerosos productos textiles y de todo tipo, proceso que bien estudió Lutgardo García Fuentes.



Distribución de los paños de Baeza en el Nuevo Mundo

Hasta Sevilla llegaban los paños a lomos de animales –gobernados por arrieros– o por medio de carretas de bueyes y mulas –cuyos dueños eran los carreteros–, aunque también pudieron hacerlo a través del río Guadalquivir, como se han encontrado algunos documentos al respecto.

Todo este flujo de paños baezanos lo he ido estudiando a partir de diferentes archivos –Archivo General de Indias, Archivo General de Simancas y diferentes archivos de protocolos –y que espero se complete con los fondos notariales del Archivo Histórico Provincial de Jaén mientras desarrolo el proyecto "Las Columnas del Santo Reino". Sobre todo esto estoy escribiendo diferentes artículos especializados que veran la luz, en breve, en revistas nacionales e internacionales. Hasta la próxima entrada!




jueves, 15 de diciembre de 2016

Iniciando el Blog


  Hola! Me llamo Rafael Girón, bienvenidos a mi blog. Este blog está asociado a la Ayuda a  Proyectos de Investigación 2016 del Instituto de Estudios Giennenses (Jaén, España) con el proyecto “Las columnas del Santo Reino. Las actividades económicas del reino de Jaén a finales del siglo XVI (1580-1600)” concedida el 14-XII-2016 y financiada por la Diputación de Jaén. 


  En este blog se irán plasmando los resultados de mi proyecto de investigación. Las Columnas del Santo Reino tiene por objeto estudiar las actividades económicas que sustentaron la población del reino de Jaén en las dos últimas décadas del siglo XVI a partir de documentación inédita custodiada en archivos locales, nacionales e internacionales. Estas actividades económicas, especialmente la producción textil, debieron ser la causa principal del desarrollo urbanístico de ciudades monumentales como Úbeda o Baeza y seguramente Jaén.

  En estos archivos se buscarán todo tipo de referencias económicas a la producción agrícola y ganadera, el artesanado y el comercio, que permitan ampliar el conocimiento en torno a la economía del Santo Reino; elementos, en algunos casos, poco estudiados por la historiografía hasta la fecha, pero presentes y muy celebrados en la obra de cronistas como Ximénez Patón o Martínez de Mazas. 

 Así, se analizará y estudiará toda la documentación inédita disponible en torno a la producción y comercio de: aceite de oliva –Arjona, Andújar–; vino –Alcalá la Real, Castillo de Locubín, Martos, Úbeda y Baeza–; cereales, lana –a partir de las ventas en los lavaderos de lanas de Huéscar–, cuero, carne, pescado, entre otros; textiles –paños de Baeza, Jaén, Linares, Alcaudete–; derivados del cuero –cordobanes y guadamecíes de Jaén– manufacturas metálicas –espadas y otras armas, rejas, platería–; comercio de tintes y mordientes –pastel, cochinilla, agallas, grana, rubia, alumbre, zumaque, rasuras–, en fin, todo aquello susceptible de ser estudiado dentro de la producción y comercio de materias primas y manufacturadas.

 Paralelamente se analizarán los agentes de estos procesos económicos: el artesanado – plateros, rejeros, pelaires, tejedores de paños, tintoreros, etc.– y los mercaderes así como las relaciones existentes entre ambos colectivos. En medida de lo posible trataremos de reconstruir trayectorias de figuras sobresalientes en estos grupos y sus familias utilizando como herramientas la prosopografía y la genealogía. Sin olvidar que estas actividades estaban promocionadas por las élites nobiliarias, en muchos casos, dueños de los talleres, tenerías, tiendas y telares al mismo tiempo grandes ganaderos de lanar, caprino y vacuno, por tanto, proveedores de las materias primas para los procesos productivos preindustriales que se llevaron a cabo en el reino de Jaén a finales del siglo XVI. Es decir, mientras estudiamos las actividades económicas, alcanzaremos un buen nivel de conocimiento en el estudio de la sociedad del Santo Reino.


  En el momento que conozcamos mejor los mercaderes locales y los productos con los que traficaban y las operaciones mercantiles entre los primeros con mercaderes de otros lugares cercanos –Sevilla, Granada, Murcia, Cartagena y Alicante– se podrán dibujar las redes comerciales –o mejor una gran red– que insertó el reino de Jaén en la economía global de finales del siglo XVI, y que a partir de nuestras investigaciones previas enlazarán el Santo Reino con países europeos –Italia a través de los puertos Livorno y Génova– y el principal mercado de los productos giennenses: las Indias españolas. El papel jugado por mercaderes extranjeros, sobre todo genoveses, se nos antoja fundamental, a partir de la documentación ya consultada en Baeza y Jaén, donde los factores de las grandes compañías genovesas de Granada campaban a sus anchas, suministrando tintes y material industrial especializado (cardas, telares, pesas y husos de telar).






En cada una de las entradas de este blog iremos tratando diferentes aspectos de la economía del reino de Jaén a finales del siglo XVI. Confío en que les resulte de interés.